sábado, 3 de noviembre de 2007

Educamos deportivamente, somos deportivos




EDUCAMOS DEPORTIVAMENTE, SOMOS DEPORTIVOS.
Roberto J. Barcala – Lois Trigo
roberto.barcala@edu.xunta.es loistrigo@edu.xunta.es
Estimados compañeros, es de suponer que todos ustedes conocen la mítica
frase “pienso, luego existo”. Descartes pretendía con ella dar importancia al
pensamiento, pero en nuestro campo el pensamiento inevitablemente se
transforma en movimiento, es decir, la expresión motriz de las decisiones que
tomamos.
En la educación primaria, atrás han quedado las escuelas nórdicas y los estilos
rígidos en la enseñanza de la actividad física. De todas formas, quisiéramos
reseñar que, actualmente, los y las docentes (de forma consciente o
inconsciente) están retornando a los sistemas naturales del estilo del método
de George Hebert o, sin ir más lejos, a las doctrinas de la Institución Libre de
Enseñanza. Los maestros nos hemos dado cuenta que el cosmopolitalismo ha
secuestrado el cuerpo en el autobús, en el metro, en el coche o en el taxi y
también nos hemos dado cuenta que la play station ha sustituido los partidos
de fútbol en la acera del barrio. Los niños/as ya no llevan un bocadillo de
jamón, ni una manzana ni un plátano para merendar en el recreo. Los
escolares de hoy llevan todos esos alimentos con envoltorios atractivos y, a
pesar de sus grasas saturadas ya saben, “tienen vitaminas para parar un tren”
o “tantas proteínas como un bistec…”
Estamos en una época que vendemos salud y deporte, sobre todo a las
personas mayores, pero ¿qué vendemos a los niños/as? Sí, no se sorprendan
al decir “¿qué vendemos?”; porque, a fin de cuentas, a los chavales se les
compra una camiseta de algún equipo de primera división que, en vez de poner
su nombre (Alvarito, Manolito)
como ponían nuestras viejas
camisetas de algodón en
tiempos no tan pretéritos, (y
eso que ahora el uniforme no
es obligatorio en los colegios
p ú b l i c o s) nos llegan los
alumnos/as con su fantástico
merchandising de los equipos
de moda y en las camisetas
tres, cuatro o cinco nombres
(Raul, Zidane, Figo, Ronaldo,
Beckham y Ronaldinho).
Parece que hasta ahora esta disertación tiene un tono de tragicomedia
¿verdad?, pero… ¿saben lo que me parece fascinante?, pues que hay una
cosa que no ha cambiado (y espero que jamás cambie). Cuando suena el
timbre del recreo, los niños/as enfilan la puerta con la ansiedad de quien
escapa para no perder la vida, corren y corren para llegar de primeros al centro
del patio y organizar su partido de fútbol, su particular mundial, en definitiva,
crear una buena parte de sus mejores momentos escolares y no sólo
escolares, sino vitales, biográficos.
También otra cosa ha cambiado (para mejor). Atrás han quedado esos partidos
de niños y las niñas mirando o jugando a la comba en la parte periférica del
patio, hoy los partidos son mixtos y me atrevería a decir que de un alto nivel.
Otra cosa sorprendente es que son los propios alumnos/as los que traen el
balón, por supuesto el último que ha salido en el mercado, ése que utiliza
Roberto Carlos, pero como escribió Calderón de la Barca “Y los sueños,
sueños son”, pues yo les diría “Y los niños, niños son” y como tal, les dura un
balón bien poco; entonces aparecen las estrategias de afrontamiento, es decir,
jugar con el pie golpeando cualquier cosa que se pueda golpear, siendo las
latas y botellas de plástico su material alternativo favorito.
En base a lo que se ha dicho, ¿cuáles son las implicaciones educativas del
deporte?, ¿deporte sí o deporte no en la educación primaria? Si atendemos a
la legislación educativa, a día de hoy (quién sabe si el nuevo gobierno
socialista reformará las leyes educativas antes de que ustedes lean esta
reflexión), no existe ningún bloque de contenido que hable explícitamente de
deporte. Se hace referencia a la iniciación deportiva en el tercer ciclo de la
educación primaria, pero no se recomienda el deporte como tal.
A pesar del currículo de la educación física en primaria, nosotros sabemos que
el deporte (y el espectáculo que genera) es un hecho social, algo que la
escuela no debe obviar. Desde nuestro punto de vista, y como docentes
pensamos, que el deporte como tal sí debe estar en la escuela, quizá no con
las reglas oficiales, pero sí es un acto de convivencia y de aprendizaje social.
El proceso por el cual los niños/as se organizan libremente en el patio,
seleccionan los equipos y se arbitran a sí mismos nos parece que tiene un
valor incalculable y es una buena forma de desarrollar las habilidades sociales.
¿Cuál es el papel de los maestros dentro del deporte escolar?, pues en nuestra
opinión es canalizar todas esas conductas y utilizarlas con fines educativos. Si
bien (y como ya se ha dicho) el deporte no aparece explícitamente en los
currículos de primaria, el deporte se debería trabajar interdisciplinarmente
desarrollando los ejes transversales en las distintas áreas de conocimiento
(matemáticas, historia, lengua española, lengua inglesa…) de una forma
colateral (como dirían los bélicos).
Piensen ustedes en un problema de física, que, si bien no es muy apropiado
para la educación primaria, ilustrará el ejemplo que queremos presentar. “Un
móvil que parte del reposo, comienza a desplazarse con una aceleración de 2
metros por segundo siguiendo una trayectoria rectilínea, recorriendo una
distancia de 5 metros. ¿Cuánto tardará en recorrer esa distancia?”
Nosotros ahora les proponemos otra forma de redactarlo…
“Roberto Carlos, que estaba parado, recibe el balón en la banda, comienza una
de sus espectaculares carreras en paralelo a la línea de banda, acelerando 2
metros por segundo, recorriendo una distancia de 10 metros donde pasa el
balón a Raúl. ¿Cuánto tardará en recorrer esos 10 metros para poder pasarle
el balón a Raúl?
A simple vista… ¿cuál de estas redacciones piensan ustedes que es más
significativa y atractiva para un niño/a?, yo no lo dudaría, a mi me sugiere
mucho más la segunda forma.
Parece que las metáforas deportivas son cuando menos
motivantes ¿no creen? El deporte y los deportistas son
modelos y modas para nuestros alumnos/as. Recuerdan el
horroroso corte de pelo de Ronaldo en el mundial de Corea o
la cresta de Beckham cuando jugaba en el Manchester
United. Pues aún siendo de un dudoso gusto estético, los
chavales los imitaban
en forma y modos. Los
niños/as copian lo que ven y se
identifican con lo que sus ídolos hacen,
imágenes como las celebraciones de
Ronaldo se ven cada día en los patios
escolares. La violencia o deportividad
también genera conductas y los
maestros debemos “estar vigilantes”
(como diría Rajoy) para educar
discriminando las conductas positivas de
las violentas o poco deportivas.
Llegados a este punto, nos debemos plantear si en la educación física
debemos incluir los deportes. Por un lado, la mayor parte de los docentes
creemos que es un contenido útil (en el tercer ciclo de primaria), y por otro lado
está la legislación educativa que retrasa los deportes hasta secundaria
(aunque permite la iniciación deportiva en primaria). Ante esta posición tan
ambigua o contradictoria ¿qué argumentos tenemos para incluir el deporte en
la escuela?
Esto del deporte escolar lo inventaron los ingleses en las Public Schools y
desde entonces, se ha utilizado para fines muy diversos (tanto lúdicos como
educativos), y a día de hoy se nos ocurren varios argumentos a favor del
deporte escolar.
- El deporte globaliza y mundializa ya que todos conocemos y
admiramos deportistas sin pensar en su procedencia, raza o religión.
¿Piensan ustedes que le importó a alguien el día que Deportivo ganó en
Riazor 4-0 al Milan en Champions Leage, que jugara un católico (Fran),
un evangelista (Valeron) o un musulmán (Naybet)? Les aseguro que a
mis alumnos les dio absolutamente igual.
- El deporte desarrolla las habilidades sociales porque permite la
comunicación y la aceptación de una serie de reglas (reglamento) que a
fin de cuentas es un código como otro cualquiera (vial, civil, etc…)
- Actualmente integra y coeduca. Como ya se ha comentado, los
partidos de patio son cada vez más coeducativos e integradores. Niñas y
niños juegan al fútbol o al baloncesto en el patio. En cuanto a la
integración ni que decir tiene que España ha pasado a recibir una gran
flujo de inmigrantes de múltiples culturas. Pensamos que si algo une a
todos (aunque hablen otras lenguas o tengan otras creencias) bien
puede ser el deporte.
- El deporte no es tan malo. Algunos argumentos pedagógicos que
hablan de la negatividad y el trauma que puede suponer para los
niños/as la competición. Se habla de que los niños/as menos hábiles
sufren el rechazo de sus compañeros/as. Ante estos argumentos, hay
que decir que la competición no tiene por que ser mala, si se enseña
que la esencia es la participación (y que es lógico querer ganar y todos
jugamos para ganar), pero, si no se consigue, por lo menos tener la
satisfacción de haber pasado un buen rato. En lo relativo a la destreza,
entendemos que la motricidad debe desarrollarse como un contenido
más, y acaso ¿no sufren también rechazo los niños/as que leen mal?
Aquí por un lado la educación debe servir para reconocer y respetar las
capacidades y limitaciones de cada uno, entendiendo que cada persona
es diferente (pero nunca peor), y, por el otro, decir que el deporte es una
buena medida compensatoria para aquellos niños/as que por sus
características necesitan del movimiento para mejorar su motricidad.
¿No es un poco absurdo pensar que el deporte no es bueno porque
suscita la comparación entre los mejores y peores? Quizá a esos niños
“peores” les venga muy bien para mejorar sus habilidades y destrezas
motrices.
- Por último decir que en este año Europeo de Educación a través del
Deporte, que el deporte no es fútbol, y aunque el fútbol es el Rey, ya
saben, también existe la República (y por ende, otros deportes también).
El filósofo chino fundador del taoísmo, Lao-Tse dijo: “Si das pescado a un
hombre hambriento le nutres durante una jornada. Si le enseñas a pescar, le
nutrirás toda su vida” Si reflexionamos sobre esta cita podemos deducir que en
la escuela, la diferencia entre jugar a un deporte y enseñar con el deporte es la
diferencia entre algo lúdico sin valor didáctico, y un hecho educativo que
además es lúdico, que es una realidad social y que tiene más cosas buenas
que malas.